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Reportajes

EL MÉTODO CLÍNICO

MIGUEL ANGEL MORENO RODRÍGUEZ
Profesor Titular de Medicina Interna
Profesor Consultante
Doctor en Ciencias

El método clínico o "proceso del diagnóstico", son los pasos ordenados que todo médico aplica en la búsqueda del diagnóstico en sus enfermos individuales, y consisten en: formulación por el enfermo de sus quejas de salud; obtención de la información necesaria (síntomas, signos y otros datos) para después establecer las hipótesis diagnósticas presuntivas e ir a su comprobación final, por intermedio de una contratación que, en la mayoría de las circunstancias, aunque no en todas, se realiza a través de análisis de laboratorio, de cualquier tipo que sean. Así pues, los 5 pasos o etapas del método son: formulación, información, hipótesis, contratación y comprobación.

El método clínico no es otra cosa que el método científico o experimental de las ciencias, pero aplicado esta vez no a una investigación de laboratorio, sino a la atención individual de enfermos. Como se sabe, en las ciencias hay multitud de métodos particulares diferentes; pero existe un método único, general, universal, que se aplica al ciclo entero de toda investigación, común a todas las ciencias, porque todas tienen una estructura metódica común, que es el método científico o experimental, que fuera elaborado de forma coherente y definitiva por Claude Bernard en su libro "Introducción al estudio de la medicina experimental", escrito en la segunda mitad del siglo XIX.

Sin embargo, el método clínico ha venido sufriendo un importante proceso de deterioro en los últimos 40 ó 50 años, en el mundo entero y también en nuestro país por la influencia de varios factores, de los cuales los más importantes, aunque no los únicos, son: el deterioro de la relación médico-paciente, el menosprecio del valor del interrogatorio y del examen físico, vale decir, del componente clínico de la medicina, y la utilización cada vez más irracional y excesiva de la tecnología médica aplicada al diagnóstico.

A partir del surgimiento de la revolución científico-técnica en la medicina, en los años 60 del siglo XX, se inició un fenómeno que en la actualidad está planteado con toda magnitud y urgencia; los componentes clínicos del diagnóstico han ido cediendo cada vez más espacio a la tecnología de los análisis de laboratorio; el sabio y necesario equilibrio entre la clínica y el laboratorio se ha desplazado hacia éste y el método clínico ha entrado en crisis en la mente y el actuar de un creciente número de médicos: muchos médicos apenas interrogan y examinan a sus enfermos, apenas establecen una relación humana con ellos, apenas piensan, olvidando que el abandono de la clínica conduce a la atrofia de las habilidades básicas del médico, desprofesionaliza a la medicina, transformándola en un oficio y a ellos en unos técnicos.

Los rasgos distintivos de la medicina en la segunda mitad del siglo XX que han sido los progresos de la terapéutica, de las ciencias básicas y de la tecnología aplicada al diagnóstico, parecen haber arrojado hacia el borde del camino los atributos seculares del médico y los principios que guiaron el ejercicio de la práctica individual: el interrogatorio, el examen físico, y el razonamiento. Hoy más que nunca la medicina se ha convertido en una mercancía, que impone al médico una conducta ajena a sus esencias y a muchos pacientes una creciente alienación, aunque está por ver si el hombre aceptará ser sometido a esa enajenación.

No hay contradicciones entre la clínica y el laboratorio. El uso inteligente y racional de los análisis complementarios no crea ningún problema. El laboratorio, la tecnología, no está fuera, sino dentro del método clínico. La tecnología juega un papel muy importante y muchas veces decisivo en el diagnóstico, porque es capaz de poner en evidencia situaciones allí donde no llega la sensibilidad de la clínica. Los médicos hacemos un uso diario de los análisis y sencillamente no podemos prescindir de ellos. No se trata de pedir una vuelta al pasado, lo cual sería no sólo absurdo, sino además reaccionario.

De lo que se trata es de comprender que la clínica no ha muerto ni puede desaparecer; comprender que las etapas del método clínico están unidad entre sí como los eslabones de una cadena, que cada etapa depende de la precedente y guía a la que viene después y que en el método científico universal de las ciencias, la información y la elaboración de hipótesis viene antes de la contratación, lo que quiere decir que la buena relación con el enfermo, el interrogatorio y el examen físico son imprescindibles para la elaboración de una o varias hipótesis diagnósticas y que sólo sobre la base de estas hipótesis debe ser indicada, de manera inteligente y racional, la tecnología médica diagnóstica que habrá de confirmarnos o rechazarnos el diagnóstico.

Hace más de 150 años, Marx se refirió a todo este problema al escribir en El Capital sobre lo que él denominó entonces "el fetichismo de la mercancía" y escribió que los hombres habían hecho a la mercancía objeto de una adoración casi religiosa.- "Ellos, los creadores-digo-han terminado por rendirse ante sus criaturas; los productos de su cabeza han terminado por apoderarse de sus cabezas".

Marx escribió en la época de ascenso del capitalismo, cuando, producto de la revolución industrial acaecida en Inglaterra y extendida luego a todo el continente europeo, se asistía a un crecimiento nunca antes visto por la humanidad de la producción de mercancías.

Hoy, el fenómeno se manifiesta a una escala mucho mayor. El fetichismo de la mercancía se ha transformado en el fetichismo de la tecnología, generando en muchas mentes falsas ilusiones. Y si a una escala social ello ha conducido a la ilusión de que basta con la ciencia y la tecnología para dar solución a los problemas del hombre y de la humanidad, prescindiendo de la voluntad política y del sistema social, a una escala médica ha conducido a la ilusión de que basta con la tecnología médica (diagnóstica y terapéutica) para dar solución a los problemas del paciente, prescindiendo de la clínica y su método. "El médico moderno-ha dicho el Profesor Mexicano Ainich- ha dejado de ser el amo de la tecnología, para convertirse en su servidor". "La sangre del paciente va camino del laboratorio antes de terminar de hablar con él y mucho antes de ponerle una mano encima", ha escrito el Profesor Bernard Lown, Premio Nóbel de Medicina.

La medicina clínica (que es la parte práctica de la medicina) se apoya en el método clínico. Prescindir de él, violentarlo, conduce a que se cometan errores a diario, no pocos de ellos graves. La medicina clínica es una disciplina situada en la interfase entre la ciencia, las necesidades humanas y las humanidades y tiene aspectos que son transcientíficos y requerimientos que no pueden ser aportados sólo por la ciencia, sino que tienen que ser incorporados en el evento clínico, en esa transacción esencialmente personal entre el médico y su paciente, sin quebrantos ni orientación humana. La relación entre el médico y su paciente no puede ser una relación de silencio medida sólo a través de resultados de análisis.

Siendo "homo sapiens", los médicos deben usar racionalmente la tecnología, no indicar análisis y análisis, en la esperanza de que estos les den el diagnóstico y le resuelvan todos los problemas. La tecnología no sustituye a la clínica, la complementa. Oponerse a la tecnología es igualmente irracional, porque su aparición y desarrollo constituye uno de los hitos que oponerse es al intento de convertir la práctica de la medicina y la relación médico-paciente en una deshumanizada e impersonal relación "médico-aparato" o "paciente-aparato", altamente tecnificada y deslumbrante, pero despojada en gran medida de sus atributos humanos, que es lo que está pasando en la actualidad.